9780061140037

El Problema Del Dolor / The Problem of Pain

by
  • ISBN13:

    9780061140037

  • ISBN10:

    0061140031

  • Format: Paperback
  • Copyright: 2/23/2010
  • Publisher: HarperCollins Publications
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Summary

)Por qu? debemos sufrir? "Si Dios es bueno y todopoderoso, )por qu? permite que sus criaturas sufran?" )Y qu? del sufrimiento de los animales, quienes ni se merecen el dolor ni pueden mejorarse por medio de ?l? C. S. Lewis, el mis importante pensador cristiano de nuestros tiempos, se propone aclarar este tema espinoso en este libro. Con su estilo conocido, su profunda compasion y su extenso entendimiento, el autor ofrece respuestas a estas cruciales preguntas, y comparte su esperanza y su conocimiento para ayudar a sanar a un mundo hambriento por el verdadero entendimiento de la naturaleza humana.

Table of Contents

Presentacionp. 11
A mis lectoresp. 19
Introduccionp. 21
La omnipotencia divinap. 34
La bondad divinap. 44
La maldad humanap. 61
La caida del hombrep. 74
El dolor humanop. 93
Mas sobre el dolor humanop. 112
El infiernop. 120
El dolor animalp. 130
El cielop. 144
Apendicep. 155
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Excerpts

El Problema del Dolor

Capítulo Uno

Introducción

Es sorprendente la temeridad con que algunas personas hablan de Dios. En un tratado dirigido a los infieles, comienzan con un capítulo dedicado a demostrar la existencia de Dios a partir de las obras de la naturaleza. Este modo de proceder sirve exclusivamente para apuntalar la opinión de los lectores de que las pruebas de nuestra religión son muy frágiles. No deja de ser extraordinario que ningún escritor canónico se haya servido jamás de la naturaleza para demostrar la existencia de Dios.

Pascal, Pensées, IV, 242, 243.

Si alguien me hubiera preguntado hace algunos años, cuando yo aún era ateo, que por qué no creía en Dios, la respuesta espontánea de mis labios hubiera sido más o menos la siguiente:

«Si miramos el universo en que vivimos, comprobaremos, que buena parte de él, la mayor con diferencia, es un espacio vacío completamente oscuro y terriblemente frío. Aun cuando por él vagan pequeños cuerpos, son tan escasos e insignificantes, comparados con la inmensidad cósmica, que, aunque supiéramos que se hallan rebosantes de criaturas completamente felices, seguiría siendo difícil creer que la vida y la felicidad son algo más que un subproducto del poder hacedor del universo.

»A juicio de los científicos, es muy probable que sólo un reducidísimo número de soles de los muchos desparramados por el ancho espacio -- quizá ninguno salvo el nuestro -- tenga planetas. Además, es dudoso que haya vida fuera de la Tierra en algún otro planeta de nuestro sistema solar. La misma Tierra ha existido durante millones de años sin albergar vida alguna, y seguirá existiendo tal vez durante muchos millones más después de que la vida haya desaparecido.

»Fijémonos, por lo demás, en cómo es la vida mientras existe. El único modo de sobrevivir conocido por las diferentes formas de vida consiste en atacar a las demás. En las formas más elementales todo ello no acarrea sino muerte. En las superiores aparece una cualidad nueva llamada conciencia, que las capacita para sentir el dolor. Las criaturas causan dolor al nacer, viven infligiéndose dolor y mueren, la mayoría de las veces, en medio de profundo dolor.

»En el hombre, la más compleja de las criaturas, surge una nueva cualidad denominada razón, un atributo que le permite prever su propio dolor. Desde ese momento, el dolor futuro irá precedido por un agudo sufrimiento del alma. La razón capacita al hombre para imaginar su propia muerte aun en los momentos en que le embarga un ardiente deseo de seguir viviendo. Finalmente, le permite urdir cientos de ingeniosas invenciones para infligir a sus semejantes o a las criaturas irracionales un dolor mayor que el que de otro modo hubiera podido causar. Los seres humanos han explotado el poder de la razón. La historia de la humanidad es en gran parte una secuencia de crímenes, guerras, enfermedades y dolor.

»En medio de tanto desastre aparecen ocasionalmente atisbos de felicidad, que sirven apenas para despertar en el hombre el angustioso temor de perderla cuando se goza de ella, y el hiriente sufrimiento de recordarla una vez desaparecida. En ciertos momentos los hombres mejoran parcialmente sus condiciones de vida. Entonces aparece una situación nueva llamada civilización.

»Todas las civilizaciones se extinguen, pero mientras existen causan un sufrimiento especial, muy superior seguramente al alivio que hayan podido producir al común dolor humano. Nadie duda de que nuestra propia civilización también ha acarreado dolor, y es muy probable que desaparezca como han desaparecido las anteriores. ¿Y si en este caso no ocurriera lo mismo?, ¿qué pasaría? Nada de ello alteraría el hecho de que el género humano está destinado a desaparecer. Las diferentes razas surgidas en el universo, da igual dónde, están destinadas a extinguirse. Según se dice, el cosmos declina. Llegará un momento, pues, en que sea una inmensidad uniforme de materia homogénea a baja temperatura. Entonces terminará la historia, y la vida no habrá sido, a la postre, sino una efímera mueca sin sentido en el necio rostro de la materia infinita.»

»Si me piden que crea que todo esto es obra de un espíritu omnipotente y misericordioso, me veré obligado a responder que todos los testimonios apuntan en dirección contraria. Así pues, o bien no hay espíritu alguno fuera del universo, o bien es indiferente al bien y al mal, o es un espíritu perverso.»

No podía yo imaginar, sin embargo, que me fuera a plantear alguna vez una pregunta muy especial. Jamás había reparado en que la solidez y facilidad del argumento invocado por los pesimistas planteaban un problema: ¿Cómo es posible que un universo tan malo, incluso si sólo fuera la mitad de lo que parece, haya sido atribuido constantemente por los seres humanos a la actividad de un sabio y bondadoso creador? Tal vez los hombres sean necios, pero es difícil que su estupidez llegue hasta ese extremo. Inferir directamente lo blanco de lo negro, la raíz virtuosa de la mala flor o la existencia de un artesano infinitamente sabio de una obra disparatada es un modo de razonar que hace tambalear la fe. El espectáculo cósmico que se ofrece a la experiencia no puede haber sido jamás el fundamento de la religión. Lo oportuno será decir, más bien, que el sentimiento de religación con lo divino, cuyo origen es otro muy distinto, se mantiene a pesar de todo ello.

Sería erróneo responder que nuestros antepasados eran ignorantes, seres cuya ingenuidad les hacía albergar ilusiones agradables sobre la naturaleza, desvanecidas después por el progreso de la ciencia. En aquellos lejanos siglos en que todos los hombres creían, eran conocidos ya el vacío y la extensión sobrecogedores de! universo. Ciertos libros hablan de la creencia de! hombre medieval en que la Tierra era plana y las estrellas estaban muy próximas a ella. Pero no es cierto. Por entonces se conocía ya la doctrina de Tolomeo, según la cual la Tierra es un punto matemático de dimensiones insignificantes comparadas con la distancia que la separa de las estrellas fijas, estimada por un popular texto medieval en unos ciento ochenta millones de kilómetros. . . .

El Problema del Dolor. Copyright © by C. Lewis. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

Excerpted from El Problema del Dolor
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