9780060884277

El Sobrino Del Mago / the Magician's Nephew

by
  • ISBN13:

    9780060884277

  • ISBN10:

    0060884274

  • Format: Paperback
  • Copyright: 2010-01-13
  • Publisher: HarperCollins Publications

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Summary

La Aventura Comienza Narnia... donde las bestias hablan... donde espera una bruja... donde estf a punto de nacer un nuevo mundo. Dos amigos se embarcan en una peligrosa aventura para salvar una vida, y de repente se encuentran en un mundo nuevo donde una malvada bruja intenta convertirlos en sus esclavos. Pero la cancion del leon Aslan se vuelve parte de esta nueva tierra, una tierra que se llamarf Narnia. Y en Narnia, cualquier cosa es posible...

Excerpts

El Sobrino del Mago

Capítulo Uno

La puerta equivocada

Éste es el relato de algo que sucedió hace mucho tiempo, cuando tu abuelo era un niño. Es una historia muy importante porque muestra cómo empezaron todas las idas y venidas entre nuestro mundo y el de Narnia.

En aquellos tiempos Sherlock Holmes vivía aún en la calle Baker y los Bastable buscaban tesoros en Lewisham Road. En aquellos tiem-pos, los niños tenían que llevar un rígido cuello almidonado a diario, y las escuelas eran por lo general más desagradables que hoy en día. Aunque las comidas eran mejores; y en cuanto a los dulces, ¡no quiero ni contarte lo baratos y deliciosos que eran, porque sólo conseguiría que se te hiciera la boca agua en vano! Y en esa época vivía en Londres una niña llamada Polly Plummer.

La niña vivía en una de las viviendas que, pegadas unas a otras, formaban una larga hilera. Una mañana, mientras estaba en el jardín trasero de su casa, un niño se encaramó desde el jardín de al lado y sacó la cabeza por encima del muro. Polly se sorprendió mucho porque hasta aquel momento no había habido niños en la casa contigua, únicamente el señor Ketterley y la señorita Ketterley, que eran hermanos y solteros, algo mayores ya, y vivían allí juntos. Por ese motivo, la niña alzó la vista, llena de curiosidad. El rostro del niño desconocido estaba mugriento, y no podría haber estado más sucio si el muchacho se hubiera restregado las manos en la tierra, después se hubiera puesto a llorar y a continuación se hubiera secado el rostro con las manos. A decir verdad, aquello era casi exactamente lo que había ocurrido.

-- Hola-- saludó Polly.

-- Hola-- respondió él -- . ¿Cómo te llamas?

-- Polly-- dijo ella -- . ¿Y tú?

-- Digory.

-- Vaya, ¡qué nombre más gracioso!-- comentó Polly.

-- No es ni la mitad de gracioso que Polly-- replicó él.

-- Sí, sí que lo es-- dijo Polly.

-- No, no lo es-- protestó Digory.

-- Por lo menos yo me lavo la cara-- dijo Polly -- , que es lo que deberías hacer, especialmente después de...-- Y allí se detuvo.

Había estado a punto de decir «después de haber lloriqueado», pero pensó que no resultaría muy educado.

-- Pues sí que lo he hecho, ¿y qué?-- repuso Digory en voz mucho más alta, igual que un niño que se siente tan desgraciado que no le importa quién sepa que ha llorado -- . Y también tú llorarías-- prosiguió --si hubieras vivido toda tu vida en el campo y hubieras tenido un poni y un río al fondo del jardín, y de repente te hubieran traído a vivir a un agujero repugnante como éste.

-- Londres no es un agujero-- replicó Polly muy indignada.

Pero el niño estaba demasiado exaltado para prestarle atención y siguió hablando:

-- Y si tu padre estuviera en la India..., y hubieras venido a vivir con una tía y un tío que está loco, dime tú a quién le gustaría...; y si el motivo fuera que tienen que cuidar de tu madre... y tu madre estuviera enferma y se fuera a... se fuera a... morir.

En aquel momento su rostro se alteró totalmente, como sucede cuando intentas contener las lágrimas.

-- No lo sabía. Lo siento-- se disculpó Polly humildemente.

Y a continuación, puesto que apenas sabía qué decir, y también para desviar los pensamientos de Digory hacia temas más alegres, preguntó:

-- ¿De verdad está loco el señor Ketterley?

-- Bueno, o está loco-- dijo Digory --o algo raro pasa. Tiene un estudio en el desván y tía Letty dice que no debo subir jamás allí. De entrada, eso ya parece sospechoso, y además hay otra cosa. Siempre que intenta decirme algo a la hora de las comidas, porque jamás habla con mi tía, ella siempre lo hace callar, diciendo: «No molestes al niño, Andrew», o «Estoy segura de que Digory no quiere oír hablar

de eso», o también: «¿Qué te parece, Digory? ¿No te gustaría salir a jugar al jardín?».

-- ¿Qué clase de cosas intenta decirte?

-- No lo sé. Nunca llega a decirme nada. Y todavía hay más. Una noche, mejor dicho, ayer por la noche, cuando pasaba por delante de la escalera que conduce al desván para ir a acostarme, y por cierto, no es que me guste mucho pasar por delante de esa escalera, estoy seguro de que oí un alarido.

-- A lo mejor tiene a una esposa loca encerrada ahí arriba.

-- Sí, ya lo he pensado.

-- O quizá es falsificador de billetes.

-- O tal vez de joven fuera pirata, como el que sale al principio de La isla del tesoro, y ahora se viera obligado a esconderse de sus antiguos cama-radas.

-- ¡Qué emoción!-- exclamó Polly -- . No sabía que tu casa fuera tan interesante.

-- Quizá tú la encuentres interesante-- refunfuñó él -- , pero no te gustaría si tuvieras que dormir allí. ¿Qué te parecería permanecer despierta en la cama mientras oyes los pasos del tío Andrew avan-zando sigilosamente por el pasillo hacia tu habitación? Y tiene unos ojos horribles.

Así fue como Polly y Digory se conocieron: y puesto que acababan de empezar las vacaciones de verano y ninguno de ellos se iba a la playa aquel año, se veían casi a diario.

Sus aventuras se debieron en gran medida a que fue uno de los veranos más lluviosos y fríos que había habido en muchos años, y eso los obligó a realizar actividades de interior; se las podría llamar «exploraciones caseras». Resulta maravilloso lo mucho que se puede explorar con el cabo de una vela en una casa grande, o en una hilera de casas. Hacía tiempo que Polly había descubierto que si

se abría cierta puertecita del desván de su casa se encontraba el depósito de agua y un lugar oscuro detrás de él al que se podía acceder trepando con cuidado. El lugar oscuro era como un túnel largo con una pared de ladrillos a un lado y un tejado inclinado al otro, y en el tejado había pequeños retazos de luz entre . . .

El Sobrino del Mago. Copyright © by C. Lewis. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

Excerpted from El Sobrino del Mago by C. S. Lewis
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